By TORBEN BERGLAND, M.D.

Aunque un día moriremos, a menos que Jesús regres primero, todos los demás días son oportunidades para vivir bien de verdad. Podemos morir una vez, pero cada día es un día para vivir. Entonces, ¿cómo vivimos? ¿Qué constituye una vida cuidadosamente invertida, a diferencia de una vida malgastada imprudentemente?

En cuestiones de dinero, desaprobamos a los imprudentes que derrochan. Muchos han arruinado sus propias vidas y las vidas de los que dependen de ellos mediante gastos insensatos. Los placeres a corto plazo que dan los gastos imprudentes no se comparan con el sufrimiento a largo plazo. Los resultados del gasto temerario son una carga pesada y aplastante. La inversión cuidadosa en beneficio de uno mismo y de los demás es mucho mejor. Todo el mundo sabe esto. Sin embargo, las personas continúan siendo derrochadoras imprudentes hasta que no les queda nada para gastar.

Pero, ¿cómo nos va en asuntos más importantes que nuestro dinero? ¿Estamos malgastando nuestra vida de manera imprudente o la estamos invirtiendo cuidadosamente día a día? ¿Gastamos nuestras vidas de manera imprudente hasta que no nos queda nada para gastar? ¿Salimos perdiendo en la vida y la perdemos prematuramente porque no hemos acertado nuestras prioridades? Desgraciadamente, las personas más frugales en cuanto al dinero aún pueden ser derrochadoras imprudentes de la vida, con resultados más devastadores que las finanzas arruinadas. Una vida arruinada, ahora o en el futuro, es un alto precio a pagar por no invertir adecuadamente en la vida.

Entonces, ¿cómo vivimos como cuidadosos inversionistas en la vida? ¿Dónde podemos invertir fielmente para obtener los mayores beneficios para nosotros y para los demás? 

Cuando el pueblo de Israel estaba en la frontera de la tierra prometida, Moisés les hizo uno de sus últimos llamamientos: «Hoy te doy a elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal. Hoy te ordeno que ames al Señor tu Dios, que andes en sus caminos, y que cumplas sus mandamientos, preceptos y leyes. Así vivirás y te multiplicarás, y el Señor tu Dios te bendecirá. […] Elige, pues, la vida, para que vivan tú y tus descendientes. Ama al Señor tu Dios, obedécelo y sé fiel a él, porque de él depende tu vida» (Deuteronomio 30: 15-16, 19-20).

La inversión cuidadosa y fiel en la vida será siempre en el Señor y por medio del Señor. Hacer de él el centro de la vida y permanecer en sus principios para la vida es la inversión más segura que podemos hacer para «tener vida y tenerla en abundancia » (Juan 10: 10). Sus principios fundamentales para la vida se remontan al origen de la humanidad. En el Edén, cuyo nombre está vinculado a las palabras hebreas para «deleite» y «placer», Dios quiso que la vida fuera buena. Dios creó la vida y el mundo para ser abundantemente hermosos, agradables y placenteros. Del relato de Génesis del origen de la humanidad, podemos explicar principios amplios, y a la vez fundamentales, para la vida.

Recibir

 La vida para la humanidad fue un regalo. Después de Adán y Eva haber recibido el aliento de vida de la boca de Dios, el Señor los dio el uno al otro, y les dio el mundo. Entonces anocheció y comenzó el sábado. Adán y Eva recibieron todo: la vida, el uno para el otro, el mundo y luego el descanso. La vida es recibir lo que Dios da, y no hay nada que desear más allá de lo que él ha dado.

Lamentablemente, desde entonces los seres humanos se han esforzado por tomar lo que no les fue dado y han confiado en sí mismos en lugar de confiar en Dios. Adán y Eva recibieron todo, excepto el fruto del «árbol del conocimiento del bien y del mal» (Génesis 2: 16). Pero Eva deseó y comió exactamente eso, Adán participó en ello, y siguieron el mal y la muerte. Cuando el hombre anhela y reclama algo que Dios no ha dado, el mal y la muerte son el resultado. Solo lo que Dios ha dado es bueno. Por lo tanto, nuestro  primer principio de vivir abundantemente es apreciar, estar contentos y agradecidos por lo que Dios ha dado..

Descansar

La vida para la humanidad comenzó con el descanso. Después de haber recibido tan abundantemente, cayó la tarde y comenzó el sábado. El sábado fue el último día de la semana de la creación de Dios, pero el primer día completo de la vida de los seres humanos. Aunque no habían hecho mucho y no estaban cansados, fueron invitados a descansar en lo que Dios había hecho. Nada se puede agregar a lo que Dios ha hecho. Lo que él ha hecho es suficiente y bueno.

Desgraciadamente, desde entonces la humanidad ha violado el principio de una vida tranquila en cuerpo y espíritu. Los seres humanos necesitan descanso espiritual, el descanso semanal y el descanso nocturno. Si no se satisfacen estas necesidades, gastarán imprudentemente sus vidas. Dios nos dio el sábado y la noche. En el ritmo circadiano del Edén, la noche precede al día. El descanso precede al trabajo, tanto en el ámbito espiritual como en el físico. Por lo tanto, el segundo principio de vivir abundantemente es invertir en una vida tranquila en el espíritu y en el cuerpo.

Conectividad

En la historia de la creación, Dios afirmó una y otra vez que todo lo que creó era bueno. Aun así, incluso antes de que entrara el pecado, señaló una cosa que no era buena: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré un ayudante comparable a él» (Génesis 2: 18). Adán entró en la vida en el encantador Jardín del Edén y compartió cara a cara con el Dios creador. Aún así, no era suficiente. Parece que a Adán le faltaba algo que no tenía. Porque el Dios creador depositó en el corazón del hombre el deseo de algo más: el deseo de tener compañía con alguien que fuera igual a él.

Penosamente, desde entonces la humanidad ha tendido a ser o demasiado materialista o demasiado religiosa descuidando a sus compañeros humanos. Subyacente a ambos está el egoísmo. Como los hombres y las mujeres no pueden vivir una vida plena sin la relación íntima de amor con el Creador por encima de ellos, ni la creación debajo de ellos,  tampoco pueden vivir una vida plena sin la relación íntima de amor con la criatura que está a su lado. Fuimos creados para  el compañerismo con otros de nuestro tipo: en el matrimonio, la familia, las amistades y las comunidades más grandes. Por lo tanto, nuestro tercer principio de vivir abundantemente es la conexión armoniosa con el Creador sobre nosotros, las criaturas que están a nuestro lado y la creación por debajo de nosotros.

Actividad

À la création, les humains ont été recr utés pour être des reflets de Dieu alor s qu’ils géraient la création à l’image du Créateur. Même s’ils ne pouvaient r ien ajouter à la création de Dieu, ils devaient « le cultiver et le garder » (Gen. 2 : 15). Par cette activité, eux-mêmes seraient bénis et resteraient en bonne santé.

 Malheureusement, depuis, les humains ont exploité la création et ont abusé d’elle plutôt que d’en prendre soin. Au lieu d’être des gardiens de la création, ils sont devenus son plus grand adversaire. En s’aliénant la création, au lieu de la cultiver et la garder, l’humanité elle-même souffre .

L’inactivité physique est une cause majeure de maladies liées au style de vie , et un manque d’objectifs et de sens dans le travail prévaut. Ce n’est pas ce que Dieu prévoyait pour ceux créés à Son image . Ainsi, notre quatrième principe de vie abondante est une activité en harmonie avec ce pour quoi nous a vons été créés.

Alimentation

 Cuando Dios dio el Edén par a que los hombres y las mujeres vivieran, también proporcionó lo que necesitaban para vivir vidas abundantes. Después de la creación, los hombres y las mujeres debían vivir de los fr utos de los árboles en el Jardín (Génesis 2: 16). Después de la caída, también comerían de la tier ra y plantas del campo (Génesis 3: 17, 18). Luego, después del diluvio, se les permitió a las personas comer animales (Génesis 9: 3). A pesar del permiso para comer una variedad de alimentos, sin em bargo, una dieta equilibrada, basada en plantas y alimentoscompletos con suplementos de nutrientes esenciales, como la vitamina B12, es la dieta más saludable, siempre y cuando esté disponible. Con todo, sabemos que lo que Dios hiz o y fue destinado para nuestro uso, no se puede mejorar.

Desgraciadamente, la humanidad ha deseado comer lo que no estaba permitido o destinado para el consumo humano. En lugar de alimentos integr ales, hemos creado alimentos refinados. En lugar de alimentos vegetales, las personas a menudo prefieren alimentos de or igen animal. Como consecuencia, sufrimos, los animales sufren y la naturaleza sufre. Cuando vamos en contr a de lo que fuimos creados, para lo que fueron creados los animales y para lo que fue creada la natur aleza, entonces la creación está sujeta al dolor y la m uerte. Aunque la creación se ha degenerado después de milenios de pecado y los alimentos no son lo que eran en el Jardín del Edén, aún podemos esforzarnos por alimentarnos principalmente de los alimentos que Dios creó para nosotros. Por lo tanto, nuestro quinto principio de vivir abundantemente es nutrirnos de alimentos reales, no de sustitutos ar tificiales hechos por el hombre de lo que Dios provee a través de la naturaleza.

Cuando permitamos que Dios sea el centro de nuestra vida y recibamos lo que ha provisto abundantemente, entonces podremos disfrutar de la riqueza y las bendiciones de una vida cuidadosa y fielmente in vertida, y no gastaremos imprudentemente lo que no se nos ha dado .

TORBEN BERGLAND, M.D.

TORBEN BERGLAND, M.D.

El doctor Torben Bergland es uno de los directores asociados del Departamento de Ministerios de Salud de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, la sede mundial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.