By Laurentiu Gabriel Ionescu

En nuestro mundo contemporáneo, la palabra “prosperidad” a menudo se asocia con la cantidad de dinero o el valor de las acciones que posee una persona. Existen hoy varios medios para hacer crecer nuestro dinero que es casi imposible para una persona común tener el dominio del conocimiento necesario. Palabras nuevas y exóticas como “bitcoin” o “criptomoneda” aparecen regularmente en las conversaciones cotidianas. Prácticamente no hay dominio en el mundo de hoy en el que el dinero no esté involucrado. Si en el pasado las transacciones financieras eran simples (comprar, vender, intercambiar, comercializar), hoy es un escenario complejo que debe describirse en fórmulas matemáticas en lugar de palabras.

En nuestro mundo actual, el dinero se mueve no solo de mano en mano, como en tiempos pasados, sino de cuenta a cuenta, de servidor a servidor, encriptado, envuelto en código binario, a velocidades inimaginables, con efectos dramáticos. Al regresar de las nubes, el dinero afecta a nuestro mundo, dividiéndolo entre los países del primer, segundo y tercer mundo. Hay especialistas que parecen entender completamente cómo funciona este complejo mecanismo y saben cómo administrarlo para producir ventajas o dividendos. Muchas veces, el verbo clave es “invertir.” Las inversiones no siempre funcionan como se esperaba, por lo que cada año hay sorpresas, altibajos en la moneda que se traducen en el mundo real en pobreza o riqueza. Algunos especialistas son vistos como genios financieros, otros como estafadores, dependiendo de lo que hayan hecho últimamente. En las últimas décadas ha habido un aumento de “especialistas” que prometen métodos infalibles para garantizar la prosperidad financiera.

El evangelio de la prosperidad

La teología de la prosperidad (TP) es una creencia religiosa sostenida por algunos cristianos, quienes afirman que las bendiciones financieras y el bienestar físico son siempre la voluntad de Dios para ellos, y que la fe, el discurso positivo y la entrega a causas religiosas aumentarán su propia riqueza. Esta teología ve la Biblia como un pacto entre Dios y los humanos; en otras palabras, si las personas tienen fe en Dios, él proporcionará seguridad y prosperidad financiera. El núcleo de tal teología es la creencia de que Dios quiere que su pueblo fiel tenga una vida próspera, lo que significa que serán financieramente ricos, físicamente saludables e individualmente felices. Este tipo de estilo de vida cristiano coloca el bienestar del creyente en el centro de la oración y transforma al Creador en uno que hace realidad sus pensamientos y deseos. El peligro con este tipo de antropocentrismo religioso, que pone a los humanos y su bienestar en el centro, es que transforma a Dios en un poder a nuestro servicio, a la iglesia en un supermercado de la fe y a la religión en un fenómeno utilitarista, sensacionalista y pragmático.

El Origen

Aunque esta ideología puede parecer nueva, tiene un parecido sospechoso con la religión romana pagana, lo que refleja el contrato social en el corazón del imperio romano. “Los contratos innominados se caracterizaron en la antigua Roma de la siguiente manera: ‘dot ut des’ (te doy y tú me das); ‘dot ut facias’ (doy y tú haces); ‘facio ut des’(yo hago y tú das); ‘facio ut facias’ (yo hago y tú haces). El principio ‘do ut des’ (yo te doy y tú me das)’[1] es la característica principal de la religión pagana del Imperio Romano y expresa el contrato recíproco entre los seres humanos y la deidad, destacando la importancia de dar como una obligación mutua de la antigua sociedad (y específicamente la romana). Los regalos ofrecidos por el individuo toman la forma de un sacrificio, con la expectativa de que el dios devolverá algo de valor, lo que a su vez provocará gratitud y sacrificios adicionales en un ciclo perpetuo.[2]

Es una religión compensatoria en la que el propósito es resolver la crisis a través de la divinidad.

El mecanismo interno asume las siguientes etapas:

  1. Crisis: el ser humano es incapaz de resolver el problema.
  2. Iniciativa humana: el ser humano se acerca al templo (divinidad) para resolver el problema
  3. La Ofrenda / sacrificio como depósito. La divinidad ahora está en deuda
  4. Respuesta divina: el hombre está en deuda
  5. Sacrificio como acción de gracias: se cancela la deuda.
  6. Crisis resuelta: fin del pacto.

El análisis de algunos de los servicios de adoración de los predicadores de la TP revela un mecanismo similar que se puede sistematizar de la siguiente manera.

  1. Los seres humanos en necesidad económica. Un resultado del pecado y la falta de fe.
  2. Iniciativa de fe: el arrepentimiento significa tener fe en las promesas de Dios.
  3. Ofrenda / donación: el creyente tiene que donar una gran suma de dinero como evidencia de su fe en Dios.
  4. Respuesta divina: Dios bendecirá la fe del creyente resolviendo su problema económico.
  5. Agradecimiento y repetición del sacrificio: si el creyente recibe una bendición material, el creyente debe continuar ofreciendo, por lo que las bendiciones seguirán llegando. Si no se ha recibido una respuesta, significa que hubo falta de fe y el sacrificio debe repetirse, esta vez con fe adicional.
  6. Dar para recibir: una estrategia de estilo de vida cristiana. El creyente necesita continuar donando para poder alcanzar el éxito en la vida espiritual.

Un análisis simple del concepto de la TP muestra problemas teológicos con el sistema. Primero, el propósito del plan de salvación de Dios no contempla la redención financiera, sino la redención moral. Jesús promete perdonar pecados, no restaurar cuentas bancarias. Segundo, un desplazamiento antropocéntrico enfatiza la generosidad y las donaciones como la causa de las bendiciones. De esta manera, Dios se convierte en un conducto para las bendiciones, no en la fuente de las bendiciones. El concepto bíblico es que Dios y su gracia son la fuente de bendiciones para los fieles e infieles. “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos” (Mateo 5: 44-45). Tercero, TP introduce la idea de una relación compensatoria entre las acciones humanas y la gracia divina.

¿Evangelio de prosperidad o evangelio de Cristo?

Aunque los promotores de la TP basan su sistema en textos del Antiguo Testamento, no existe un vínculo conceptual con la visión bíblica de la mayordomía. Una exégesis seria del texto bíblico demuestra que en el Antiguo Testamento, la prosperidad no estaba vinculada a la idea de las ofrendas de los adoradores ofrecidas a Dios, sino a la obediencia y la fidelidad con respecto al Creador. Si hay un vínculo entre bendición, generosidad y ofrendas, esto es totalmente diferente de la propuesta de la TP. La TP hace de la ofrenda la causa de las bendiciones. Por el contrario, en el mundo bíblico, las bendiciones son la causa del agradecimiento y la entrega. El sistema de diezmos y ofrendas se basa en un tipo de relación de adoración, no en un intercambio.

El meollo del sistema de mayordomía bíblica se resume en la pregunta retórica del salmista: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?” (Salmos 116: 12). Está claro que la respuesta esperada no se expresa en términos de compensación o intercambio, sino en una actitud de adoración y fidelidad a Dios, que es el propósito de la mayordomía bíblica. “Tomaré la copa de la salvación e invocaré el nombre de Jehová.” (Salmos 116: 13),

El contraste entre la teología de la prosperidad y la teología bíblica es evidente. Mientras que la primera ve el ofrendar como un tipo de inversión en anticipación de un dividendo futuro, la teología bíblica considera el ofrendar como la reacción, el resultado de contemplar las bendiciones pasadas de Dios. Es la diferencia entre INVERTIR y DEVOLVER.

Al comienzo de este artículo, mencioné que a menudo medimos la prosperidad en términos de dinero. Esto crea una falsa perspectiva que se mide cuantitativamente, que promueve un modelo de intercambio de tipo mercado, donde el objetivo es INVERTIR, GANAR, ACUMULAR. El modelo bíblico promueve una perspectiva diferente. La prosperidad es un tipo de relación. DAR no significa perder, pero sí ADORAR, DAR, GRACIA, AYUDAR.

El intento de definir la relación de causa y efecto entre la generosidad y la bendición no es una tarea fácil. Nos enfrentamos a dos sistemas opuestos: uno propone la generosidad como causa para la prosperidad y las bendiciones. En otras palabras, “Do ut des” (dar para recibir). El otro propone bendiciones como causa de prosperidad y generosidad. En otras palabras: “Doy porque he recibido.” No es una decisión fácil de tomar. Es elegir entre “dividendos” y “adoración.” Antes de tomar una decisión, debemos recordar que las matemáticas del cielo tienen su propia paradoja. “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20: 35). Debemos recordar que “el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14: 17).

[1] Arturo Orgaz, Diccionario de derecho y ciencias sociales, (Córdoba: Ed. Assandri, 1961), p. 129.

[2] Jörg. Rüpke, Religión de los romanos, ed. Richard Gordon, (Malden, MA: Polity Press, 2007), p. 139.

Laurentiu Gabriel Ionescu

Laurentiu Gabriel Ionescu

Laurentiu Gabriel Ionescu nació en Rumania el 17 de mayo de 1974. Conoció a la Iglesia Adventista del Séptimo Día y fue bautizado en 1990. Trabajó en Rumania y Argentina como pastor y profesor en la Facultad de Teología. Actualmente trabaja como pastor en Zaragoza, España, y como subdirector en el Departamento de Gestión de la Vida Cristiana en la Unión Española.

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January–March, 2020

2020-23-1