By Aniel Barbe

 

 Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Juan 10: 10). Esta promesa de Jesús abarca todas las dimensiones de la existencia, y puede comenzarahora. Para que se convierta en una realidad, uno tiene que superar el «síndrome del bolsillo vacío», la sensación paralizante de ineptitud e insuficiencia al enfrentar los desafíos y responsabilidades de la vida.

Un ejemplo del síndrome del bolsillo vacío es Gedeón, el valiente guerrero escondido (Jueces 6: 11, 12). Cuando el Ángel visitante lo llamó «guerrero valiente», apenas podía creerlo. Pero el Visitante no estaba equivocado en su evaluación. Conocía la capacidad y el potencial de Gedeón, aunque sin utilizar y latente. Admiraba al joven por lo que podía llegar a ser.

 Entonces, ¿cómo vence uno el síndrome del bolsillo vacío y vive abundantemente como fiel socio en la misión de Dios?

Causas del vacío

 Hay varias causas del síndrome del bolsillo vacío. La repetición de experiencias opresivas y traumáticas es una de las principales. Leemos en Jueces 6: 2: «Era tal la tiranía de los madianitas que los israelitas se hicieron escondites en las montañas y en las cuevas ,y en otros lugares donde pudieran defenderse». Israel fue atacado por un poderoso enemigo durante un período de siete años con secutivos. Terminaron pensando que no podían hacer nada para cambiar su situación. La gente corrió hacia las montañas, y Gedeón se escondió en el lagar. Eligió resistir con resignación sin darse cuenta de que tenía el poder de transformar la realidad.

 Otro factor paralizante es el juego de comparación. Mientras enfrentan los desafíos de la vida ,las personas comienzan a comparar su propia fuerza con la fuerza de los demás .Gedeón es un ejemplo típico: «Pero, Señor —objetó Gedeón—, ¿cómo voy a salvar a Israel? Mi clan es el más débil de la tribu de Manasés, y yo soy el más insignificante de mi familia» (Jueces 6 :15). El juego de comparación generalmente se basa en dos suposiciones:

1) No tengo lo que tienen los demás, por lo tanto no tengo.

2) No tengo la misma cantidad que los demás, por lo tanto no tengo. ¿Somos jugadores frecuentes del juego de comparación?

El miedo generado por los fracasos pasados y varias experiencias de no lograr el objetivo alimentan el síndrome del bolsillo vacío. La imagen del espejo retrovisor nos aterroriza y llegamos a la conclusión de que el futuro solo puede ser una réplica del pasado. Las actuaciones pasadas y presentes no son siempre los mejores indicadores de ol que uno puede lograr.

Revertir el síndrome del bolsillo vacío

 ¿Cómo experimentamos un cambio de mentalidad? Durante su encuentro con Gedeón, el Ángel trató de convencer al granjero escondido de que había recibido el poder. «El Señor lo encaró y le dijo: “Ve con la fuerza que tienes, y salvarás a Israel del poder de Madián. Yo soy quien te envíaˮ» (Jueces 6: 14).

 

 Muchos de los que se sienten inadecuados par a asociarse en la misión de Dios debido a una aparente falta de recursos pueden experimentar un ejercicio de repro - gramación recordándose las opciones de recur sos de Dios: 1) No mendigar pan (Salmos 37: 25). 2) Las necesidades están satisfechas (Filipenses 4: 19). 3) Capacidad para producir riqueza (Deuteronomio 8: 18). Cada una de estas opciones es una declaración clara de que nuestros bolsillos no están vacíos.

Es esencial desmontar las dos falsas suposiciones mencionadas anteriormente que alimentan el juego de comparación. Nuestras diferencias con los demás no nos descalifican del servicio. Primero, la Biblia reconoce y afirma una diversidad de dones (1 Corintios 12: 8-10) de naturaleza diversa (Éxodo 31: 1-5). Segundo, una variación en la cantidad de recursos recibidos no es igual a la ausencia de recursos; poco no es lo mismo que nada. La viuda que primero declaró que no tenía nada en casa y luego reconoció que tenía un poco de aceite, aprendió que incluso un poco podría hacer una gran diferencia (2 Reyes 4: 1-7).

 El sentimiento de impotencia es a menudo el resultado de buscar en la dirección equivocada. Miramos nuestra cartera y cuenta bancaria, vemos recursos limitados y conclui mos que estamos vacíos. Estas palabras de Jesús contradicen nuestra conclusión: «El reino de los cielos será también como un hombre que, al emprender un viaje, llamó a sus siervos y les encargó sus bienes» (Mateo 25: 14). La búsqueda de dinero, del dinero en efectivo, a menudo conduce a la frustración y nos ciega a la realidad de las mater ias primas de Dios, que ya ha provisto. El tiempo, la energía y los talentos son algunos de estos recursos intangibles. Cuando se usan con regularidad y consistencia, producen riqueza  (Proverbios 10: 4).

La vida abundante y la asociación con Dios son ideales alcanzables. Nuestros bolsillos no están vacíos. Alguien ha colo cado algo valioso en ellos.

Aniel Barbe

Aniel Barbe

El pastor Aniel Barbe es director asociado del Ministerio de Mayordomía y editor del Mayordomo Dinámico en la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, Silver Spring, Maryland.