By Kwon Johnghaeng

 Aquellos que buscan satisfacción en las cosas materiales se tornan infelices cuando pierden lo que poseen. Los que buscan la felicidad en el alpinismo sienten soledad y vacío cuando llegan a la cima, y se desesperan cuando bajan. Sin embargo, los cristianos están contentos porque no confían en nada más que en Cristo. El apóstol Pablo estaba contento en todas las circunstancias de la vida: «No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad» (Filipenses 4: 11-12).

 

Percepción de la realidad

El descontento es el resultado de una apreciación negativa de la realidad de uno mismo. Históricamente, fue en la era de la iglesia de Esmirna cuando los cristianos eran los más pobres. Fue un tiempo de persecución; todas las posesiones materiales fueron confiscadas; todo lo que había sido guarda do ya había sido quitado. Sin embargo, Jesús le dijo a la iglesia de Esmirna: «Yo conozco tus obras, tu tribulación, tu pobreza (aunque eres rico)» (Apocalipsis 2: 9). En contraste, no hubo otro momento para ser tan rico en cosas materiales como en la era de la iglesia de Laodicea. No obstante, se presenta como pobre (Apocalipsis 3: 17). La percepción e interpretación de una realidad dada depende de los lentes utilizados. Los lentes de Dios a menudo son diferentes de los nuestros.

 El apóstol Pedro menciona que a los creyentes se les ha confiado «la multiforme gracia de Dios» (1 Pedro 4: 10).  Pablo pregunta y responde por sí mismo. «¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿De qué aprovecha la circuncisión? De mucho, en todos los aspectos. Primero, ciertamente, porque les ha sido confiada la palabra de Dios» (Romanos 3: 1-2). ¿Qué  ventaja tiene el pueblo remanente? ¡Mucho en todos los sentidos! Son los administradores del mensaje final de Dios a la  humanidad, el mensaje de los tres ángeles. Esta es una de las funciones más nobles que se atribuyen a los seres humanos: «El Señor desea que la proclamación de este mensaje será la obra más destacada y grandiosa que se lleve a hoy cabo».1 Son llamados a compartir y mantener este mensaje.

Contentamiento en los últimos días

 El remanente fiel del mensaje de los tres ángeles reseña a no adorar a la bestia o a su imagen, y no recibir su marca. Se enfrentarán a presiones terribles: «La adoraron todos los habitantes habitantes de la tierra cuyos nombres no estaban escritos desde el principio del mundo en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado» (Apocalipsis 13: 8). Se ordenará que «hiciera matar a todo el que no la adorara» (la imagen de la bestia) (Apocalipsis 13: 15), y no podrán «comprar ni vender, sino el que tuviera la marca o el nombre de la bestia o el número de su nombre» (Apocalipsis 13: 17).

 ¿Quiénes se mantendrán firmes incluso cuando no puedan comprar los artículos de primera necesidad ni vender lo que han producido, ni se les pague por el trabajo realizado o no puedan retirar de sus propias cuentas bancarias? La respuesta es: los que hayan aprendido a tener contentamiento. Jesús describe a este grupo especial de creyentes como «el que per severe hasta el fin» (Mateo 24: 13). Apocalipsis 14: 12 explica la esencia de su contentamiento: «Aquí está la perseverancia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús». Ellos enfrentan las terribles adversidades sin doblegarse, al guardar los mandamientos de Dios y tener fe en Jesús. Estos son los cimientos del contentamiento en todas las épocas.

 En la mente de muchas personas, los mandamientos de Dios tienen una connotación negativa. Pero el salmista dijo que los mandamientos son «dulces más que la miel, la que destila del panal» (Salmo 19: 10). La realidad es que los Diez Mandamientos no comienzan con el primer mandamiento, es decir, la primera prohibición: «No tendrás dioses ajenos delante de mí»; en cambio, comienzan con el preámbulo de Éxodo 20: 2: «Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre».

 Cada vez que los israelitas meditaban en la ley, recordaban al Dios que rescató a Israel de la esclavitud en Egipto. Varias generaciones habían vivido y muerto como esclavos. Luego envió las plagas, dividió el mar para que cruzaran y lo cerró para el ejército más poderoso de aquellos días. No sembraron ni cosecharon, pero no tuvieron que preocuparse por la comida. Tenían solo un vestido y un par de zapatos, pero no se habían gastado en cuarenta años. Los mandamientos son las palabras de un Dios amoroso y afectuoso. Los creyentes de los últimos días pueden permanecer leales incluso cuando enfrenten las severas penas por no adorar a la bestia porque su apego a la ley de Dios los ayudará a recordar al Dios de Israel, que rescató a su pueblo de las manos de los egipcios.

 El mensaje subyacente de los Diez Mandamientos es un llamado a estar contentos, a estar satisfechos con quién es Dios y con lo que uno ha recibido de él. Un ejemplo es el primer mandamiento: el llamado a adorar a Dios exclusivamente. Los israelitas reconocen que él es suficiente para ellos; y a través de las plagas aprendieron que los dioses de Egipto, como las ranas y las moscas, no eran nada. Los mandamientos de no robar y no codiciar lo que pertenece a tu prójimo son invitaciones para apreciar las cosas valiosas que Dios ya ha provisto.

 La fe de Jesús es otro elemento esencial para experimentar contentamiento. Cuando Jesús cruzó el mar con sus discípulos, se durmió pacíficamente. Cuando estalló la tormenta, Pedro, Santiago y Juan, que eran pescadores experimentados, no pudieron hacer frente a la situación y se sintieron muy estresados. Satanás había causado la tormenta para matar a Jesús. Con serenidad, Jesús se levantó y calmó la tormenta. Luego preguntó a sus discípulos: «¿Dónde está vuestra fe?» (Lucas 8: 25).

 Se acerca el día en que los hijos que tienen fe en sus padres, las esposas que tienen fe en sus esposos y las personas ricas que tienen fe en sus saldos bancarios aprenderán que nada terrenal es confiable. Únicamente Jesús es un ancla segura para nuestra fe. Los justos, por lo tanto, viven solo por la fe. El secreto del contentamiento en tiempos de angustia y tribulación es guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.

 Los que demuestran contentamiento diariamente son los herederos de una bendición especial: «Y oí una voz que me decía desde el cielo: “Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”» (Apocalipsis 14: 13).

1Elena G. de White, Testimonios para la iglesia, t. 6, p. 19

Kwon Johnghaeng

Kwon Johnghaeng

Kwon Johnghaeng es actualmente el director de Ministerios de Mayordomía para la División de Asia Pacífico Norte.

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July–September, 2019

CONTENTAMIENTO