By Mundia Liywalii

Uno de los propósitos de la venida de Jesús a nuestr mundo plagado de pecado se explica claramente en Juan 10: 10: «El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia». Jesús no solo está interesado en que disfrutemos la vida eterna con él en el cielo y en la tierra nueva, sino que desea también que comencemos a disfrutar la vida abundante aquí y ahora. Mientras cantamos «Hay un mundo feliz más allá», algunos aspectos de esa vida futura ya se pueden experimentar en esta vida. La vida abundante, o «la vida en toda su plenitud», es la aspiración de muchos, si no de todos. Desafortunadamente, al perseguir una vida abundante, las personas a menudo se involucran en actividades que los dejan desconsolados. Entonces, ¿cómo se puede disfrutar de esta vida abundante aquí y ahora?

Relación continua con Dios

La vida abundante es el resultado de una relación continua con Dios. Jesús profundizó sobre este proceso cuando declaró: «El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se

 

recogen, se arrojan al fuego y se queman».1

 La correlación entre vida abundante y relación con Dios se ilustra de una manera única en la vida de José. La expresión «el Señor estaba con él» aparece cuatro veces en Génesis 39, y como resultado leemos: «El Señor estaba con José y lo hacía prosperar en todo» (vers. 3). Cuando un may ordomo mantiene conexión con Dios, la prosperidad física, material y espiritual es la recompensa.

El éxito o la prosperidad que se deriva de una relación con Dios mantendrá al individuo humilde (ver Salmo 75: 6). Dios es reconocido como la Fuente, el Señor y el Dueño de todo. 

Obediencia

En Deuteronomio 4, Moisés les recordó a los hijos de Israel que la vida abundante está condicionada con la obediencia a los mandatos de Dios. La obediencia daría lugar a una larga vida.

«Obedece sus preceptos y normas que hoy te mando cumplir. De este modo a ti y a tus descendientes les irá bien ,y permanecerán mucho tiempo en la tierra que el Señor su Diosles da para siempre».2 La obediencia no los haría el pueblo de Dios; esta era ya su identidad. Debían obedecer como una expresión de su relación con Dios. Por la gracia de Dios, los mayordomos obedecen lo que se revela, y la recompensa es vida abundante. Son cuidadosos en seguir las instrucciones de Dios en el manejo de la salud y las finanzas, áreas críticas que afectan la calidad de vida.

Los mayordomos reconocen que sus cuerpos son el templo de Dios (1 Corintios 3: 16-18). Por lo tanto, se esfuerzan por mantener buena salud al abstenerse de cual quier sustancia dañina. Las sustancias como el licor, el tabaco y las drogas se evitan por completo. Además, los mayordomos están atentos a lo que se coloca sobre la mesa. Tienen la sabiduría para discernir que no todo lo que se llama comida es bueno para el cuerpo. Algunos alimentos son atractivos a los ojos y tienen buen sabor en la boca pero van en detrimento de la salud. Alimentos que conducen a la obesidad, la hipertensión, la diabetes, y otros, no tienen lugar en la mesa de un mayordomo con ganas de preservar la vida abundante. Esta visión adicional informa la ingesta de alimentos de sabios mayordomos. «Nuestro alimento debe escogerse con mucho cuidado. Nuestro régimen alimentario debe adaptarse a la estación del año, al clima en que vivimos y a nuestra ocupación».3

Evitar sustancias nocivas y la selección cuidadosa de los alimentos es importante pero insuficiente por sí solos para asegurar vida abundante. La actividad física es considerada un deber. En el primer libro de Elena G. de White que leí, encontré la siguiente afirmación: «La fuerza se desarrolla con el ejercicio; la actividad es la condición misma de la vida».4 Nuestra salud física está estrechamente relacionada con la forma en que mantenemos nuestros cuerpos a través del ejercicio regular.

Los mayordomos abrazan el concepto de que Dios es el dueño de todo (Salmo 24: 1). Esta convicción se une a su disposición a obedecer y les lleva a practicar la devolución del diezmo y a dar ofrendas. Su motivo no es recibir bendiciones; sin embargo, la fidelidad siempre es recompensada de una forma u otra. La vida abundante es el resultado, y cubre todas las dimensiones de la existencia. La obediencia en el área de las finanzas pueden ser un tema tan delicado que Dios nos invita para «probarlo» (Malaquías 3:10, RV95). Quizás no haya otra área donde Dios nos invite a probarlo, excepto aquí. Aquellos que temen que devolver el diezmo y las ofrendas los reduzca a la pobreza pueden encontrar consuelo en Malaquías 3.

Conclusión

En Jesús, la vida abundante no es solo una realidad distante. Puede empezar hoy. Los que son fieles mayordomos, mantienen su conexión diar ia con Dios, y manejan sus vidas en armonía con las instrucciones de Dios, vivirán la vida al máximo.

1 Juan 15: 6.

2 Deuteronomio. 4: 40.

3 Elena G. de White, Ministerio de Curación, p. 228.

4 Elena G. de White, El camino a Cristo, p. 80.

Mundia Liywalii

Mundia Liywalii

El doctor Mundia Liywalii es actualmente el director de Mayordomía de la División África Meridional y Océano Índico. Tiene un doctorado en Ministerio de la Universidad Adventista de África.